La torta negra: un manjar patagónico
- 9 dic 2014
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El reconocido “té galés” se sirve acompañado de muchísimos platos dulces y salados. No pueden faltar en un servicio el “bara menin” (pan casero con manteca), las diversas “teisen plât” o tartas: de manzana, de crema, lemon pie. Sin embargo, si hay algo que distingue particularmente este ritual, es la torta negra.
También conocida como torta galesa, lo cierto es que este manjar nunca conoció las tierras celtas. Es un producto puramente patagónico, surgido de la necesidad de los primeros colonos para hacer rendir las provisiones y crear un alimento altamente energético.
Es por eso que no hay una receta universal, cada familia tiene la suya. Con nueces, o con pasas de uva, con frutos abrillantados o sin ellos. Todas varían en los ingredientes utilizados o en sus cantidades.
Sin embargo, a pesar de las diferencias, si está bien preparada una buena torta negra es un producto que no sólo es delicioso y muy energético, sino que tiene la particularidad de conservarse hasta un año sin perder cualidades, por el contrario, mejora su sabor.
Así pues, hija de la necesidad y de la hostilidad climática, la torta negra es un manjar patagónico.

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